LOS MUNDOS QUE AMO
(fragmento)
Una noche a mediados de julio, y después de haber leído poco
más de media hora, como es mi costumbre antes de acostarme, apagué
la luz y me dormí. No sé exactamente cuánto tiempo
habría pasado, pero creo que serían alrededor de las tres
o las cuatro de la mañana cuando me desperté. Sentía
un sueño terrible y los párpados me pesaban, pero no podía
volver a dormirme.
Me senté sobre la
cama, perpleja, preguntándome qué sucedía. Sabía
que estaba ocurriendo algo extraño. Sin embargo, el sueño
no me dejaba pensar con claridad. La habitación estaba a oscuras
y sólo se escuchaba el tic-tac del reloj... No. No era sólo
el tic-tac. Un ruido inusual a esa hora de la madrugada se mezclaba con
el del reloj colocado en la cabecera de mi cama. Era un tap-tap rítmico,
parecido al de las gotas de agua cuando caen de un grifo que ha quedado
medio abierto. «¡Eso debe ser!», pensé. «Alguna
llave del baño no quedó bien cerrada y está goteando».
Y volví a acostarme.
Pero no. Aquel curioso
sonido no era producido por el agua. Abrí los ojos de nuevo.
El ruido era seco, sordo, y se producía a intervalos regulares de
aproximadamente tres segundos. Ahora estaba segura de que no provenía
del baño, pero de momento no pude determinar su lugar de origen.
Más bien parecía brotar de todo el dormitorio... Lo
absurdo de la situación casi me enfureció. Me froté
los ojos con rabia, queriendo arrancarme los restos del sueño que
sentía acumulado en ellos, y me senté de nuevo en la cama.
De pronto comprendí
que el ruido provenía de más arriba de mi cabeza. Casi por
instinto miré hacia el techo del cuarto. ¡El ruido provenía
de la azotea! ¿Estaría alguien caminando por allá
arriba? «Pero no pueden ser pasos», pensé, «porque
los pasos no son tan uniformes y no se producen a intervalos de tiempo
tan grandes».
Tenía miedo. Me di
cuenta de eso cuando me sorprendí a mí misma preguntándome
si debía o no subir hasta allí. Al final, venció mi
curiosidad.
Me vestí a oscuras,
procurando evadir los muebles, mientras me estremecía de excitación.
Despacio, abrí la puerta de mi dormitorio y subí la escalera
de puntillas.
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